El pastelero trajo un pastel
y se fijaron las moscas en él.
¡Qué sabroso está!
¿Para quién será?
Vengan más cerquita,
vamos a mirar.
¡Qué sabroso está!
Vamos a probar,
que por un poquito
no se han de enojar.
Las mosquitas se acercaron
muy golosas al pastel
y empezaron poco a poco
a chuparle la miel.
Pero aquello tan sabroso
pegajoso está también,
y llevando grandes botas
se pararon en él.
¡Qué rico está!
Es la verdad.
Nadie nos ve,
y comeremos más.
Las mosquitas muy panzonas
no pudieron continuar,
y agarradas de las patas
se pusieron a bailar.