Cuando el carro gitano
acampa en el llano
del lado de acá,
sus bulliciosos panderos
son buenos agüeros
de felicidad.
Porque recorren los campos
llevando canciones
de alegre vaivén,
y al compás de sus cantos
nuestros corazones
se alegran también.
El violín que se apodera
Cantarín de la pradera,
cuando el pájaro calla de asombro
y se para a oír.
Lleva prendida la rueda listones de seda
en rojo color, y con destellos de acero
refleja el pandero los rayos de sol.